Los Fallecidos También tienen Derechos.

Ideas principales

Las personas tienen derechos que trascienden a su fallecimiento, estos derechos se pueden llamas post mortem de la persona y son;

_Cumplimiento de la voluntad del destino de sus propiedades

_Tratamiento decoroso de su cuerpo y restos

_Respeto a la honra

_Reconocimiento a su personalidad jurídica

   Los responsables de la procuración de los derechos post mortem:

_La propia persona.- debe responsabilizarse de prever y proceder legal y administrativamente para el cumplimiento de su voluntad relativa al destino de sus propiedades.

Los deudos.- Hacer cumplir los servicios funerarios y religiosos cuando así corresponda, acatar la voluntad testamentada. Procurar el tratamiento decoroso del cadáver, cuidar el respeto a su honra y promover ante la autoridad pública las sanciones cuando hubiese algún agravio.

El estado.- Responsable de establecer y mantener las instituciones necesarias para garantizar la permanencia de la persona jurídica, facilitar el cumplimiento de la voluntad, el tratamiento decoroso de su cadáver, restos y el respeto a su honra.

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Sobreviviendo a nuestro hijos

globorojo La siguiente es una adaptación de un artículo que hallé en la red y que contempla de un modo muy profesional sugerencias de posibles alternativas de superación de la pérdida.

Un padre no debería tener que enterrar a un niño. La muerte de un niño parece como algo “fuera de lugar”, “fuera de orden” y equivocado. Cada fibra de nuestro ser llora diciendo “¡no es justo!”, y realmente no lo es, porque la justicia no tiene nada que ver en esto... El dolor se va haciendo más grande con los días, conforme vamos “aterrizando” en la nueva realidad y uno se da cuenta que este es uno de los momentos más difíciles y dolorosos en la vida.

No solo sentimos el dolor por la pérdida de nuestro hijo sino también la pérdida de nuestros sueños y esperanzas para el futuro. Nuestros peores temores se han hecho realidad y nos sentimos responsables de haber fallado en el sagrado deber de proteger a nuestro hijo. Nuestra vida estaba centrada en él y parece que nada más importa, como si la vida ya no mereciera ser vivida.

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